Industria láctea
Consultoría técnica para el sector lácteo en Valladolid
Castilla y León es la segunda comunidad lechera de España, en torno al 13 % de la producción nacional. Pero buena parte de lo que se escapa en una industria láctea no se escapa en la cuba: se escapa en la hoja de cálculo con la que se liquida a los ganaderos y en el parte que alguien rellena a mano a las seis de la mañana.
Lo que sabemos y lo que no
Empecemos por lo que no somos, porque en este sector se nota enseguida: no somos tecnólogos de alimentos. De cuajada, maduración, fermentos o del perfil de un queso sabe usted mucho más que nosotros, y no vamos a fingir lo contrario en una reunión.
Lo que traemos son veinte años dirigiendo operaciones y proyectos industriales, y la capacidad de construir el software que sostiene ese trabajo. Es decir: la parte que va del muelle de recepción al albarán, del tanque al lote, del lote al cobro y del mes al cierre. Ahí sí sabemos dónde se pierde el tiempo y el dinero, porque es el mismo sitio en casi todas las plantas.
La liquidación a ganaderos, que es donde más dinero se juega en un Excel
Una industria que recoge leche paga a cada ganadería un precio que no es un precio: es un precio base más primas y descuentos por calidad —grasa, proteína, células, gérmenes—, con su contrato, sus condiciones particulares y sus volúmenes. Cada mes hay que cruzar los partes de recogida con los resultados del laboratorio, aplicar lo que dice cada contrato y sacar la liquidación.
En muchas plantas eso vive en una hoja de cálculo que arrastra fórmulas de hace años, que solo entiende una persona y que nadie se atreve a tocar en agosto. El problema no es que esté en Excel: es que una liquidación mal calculada es dinero real, se descubre tarde y se paga dos veces —en euros y en la confianza del ganadero—.
- Los datos entran una sola vez: la ruta y los litros por ganadería desde el parte de recogida; las analíticas, desde el laboratorio.
- Las condiciones viven en el contrato, no en la fórmula: cambiar una prima es cambiar un dato, no reescribir una hoja.
- La liquidación se explica sola: el ganadero recibe el desglose de por qué le sale ese importe, con sus kilos y sus calidades.
- El histórico se puede consultar: qué se pagó y por qué, hace ocho meses, sin abrir doce ficheros.
INFOLAC y los contratos: la declaración de cada mes, antes del día 20
El primer comprador de leche cruda tiene que declarar mensualmente sus entregas y tener cada una ligada a un contrato escrito con el productor. Es una obligación que no admite «se me pasó», y que en muchas empresas la resuelve una persona a mano, recopilando lo que ya está en otros tres sitios.
Es un caso de manual para automatizar: los datos existen —están en la recogida, en el laboratorio y en el contrato—, solo que no están juntos. Cuando lo están, la declaración se prepara sola, se revisa en diez minutos y deja rastro de qué se envió y cuándo. Y de paso, tener los contratos y sus anexos ordenados, con avisos de vencimiento, deja de ser un favor que alguien hace y pasa a ser parte del sistema.
De la cisterna al palé: trazabilidad que se contesta en minutos
La pregunta que nadie quiere oír por teléfono es «¿dónde ha ido este lote?». La respuesta debería tardar minutos, y en demasiadas plantas tarda una tarde entera y termina en una carpeta de albaranes.
Trazabilidad de verdad es poder recorrer la cadena en los dos sentidos: de la ganadería a la cisterna, de la cisterna al tanque, del tanque a la cuba, de la cuba al lote y del lote a cada palé que salió y a cada cliente que lo recibió. Y poder hacerlo tanto hacia delante —qué salió de este lote— como hacia atrás —de qué leche está hecho este palé—. No hace falta cambiar de sistema para tenerlo: hace falta que cada paso deje su dato donde toca, y que los pasos estén conectados.
Rendimiento, mermas y escandallo cuando el precio de la leche se mueve
Los litros por kilo de producto terminado, las mermas de maduración en cámara, el suero, lo que se descarta en calidad: son números que casi todo el mundo sabe «más o menos» y casi nadie tiene por lote y por línea. Y son exactamente los números que deciden si un producto gana dinero.
Cuando la materia prima se mueve —y en lácteo se mueve— un escandallo de hace dos años no informa: engaña. Tener el coste real por producto, con su rendimiento y sus mermas, es lo que permite negociar una tarifa sabiendo cuánto margen hay debajo, y no por intuición.
Frío, APPCC y los registros que aún van en papel
En muchas plantas siguen conviviendo un sistema informático moderno y una carpeta con hojas de registro colgada al lado de la cámara. Temperaturas, limpiezas, controles: se anotan, se archivan y solo se miran cuando viene una auditoría o un cliente con su pliego.
Ese papel se puede convertir en registro digital sin complicarle la vida a nadie: se rellena desde el móvil o la tableta que ya hay en planta, con el mismo formato que el operario conoce, y a cambio queda buscable, con firma de quién y cuándo, y avisando cuando algo se sale de rango o cuando toca hacer una revisión. Cuando llega la auditoría, la documentación se saca; no se busca.
Cómo empezamos
Primero se va a la planta y se mira, que es la única forma seria de entender cómo entra la leche y cómo sale el producto. Después se pone por escrito qué se hace hoy, dónde se teclea dos veces lo mismo y qué preguntas no se pueden contestar con lo que hay. Y de ahí sale una lista corta y ordenada por dinero, no por lo que sea más bonito de programar.
Se empieza por una sola pieza —normalmente la liquidación o los partes de planta—, se pone en producción y se mide. Nada de un proyecto de un año antes de ver el primer resultado, y nada de tirar lo que ya funciona: si el ERP y la contabilidad hacen su trabajo, se quedan, y se construye la pieza que falta conectada a ellos.
Quién lo monta
Manuel Lorenzo Brizuela pasó veinte años en el comité de dirección de una empresa industrial que creció de unos 6 a más de 350 millones de euros, dirigiendo operaciones, proyectos y equipos, con obra en marcha y plazos que no se movían. El trabajo lo hace él: no hay una cadena de comerciales, jefes de proyecto y becarios entre su problema y quien escribe el código.
Se trabaja con industrias lácteas, queserías y cooperativas de Valladolid, de toda Castilla y León y del resto de España, presencial cuando hay que pisar planta y en remoto para lo demás. Si lo que necesita es un tecnólogo de alimentos, se lo diremos en la primera visita en vez de cobrarle por descubrirlo.
¿Cuántas horas se le van cada mes a cerrar la liquidación?
Cuéntenos cómo entran hoy los partes de recogida y las analíticas, y qué pasa después. La primera conversación es para entender el proceso, no para venderle nada.